Reseñas
Una lección de metodología. Reseña de Julien Duval, Johan Heilbron y Pernelle Issenhuth (Dirs.), 2022. Pierre Bourdieu et l'art de l'invention scientifique. Enquêter au Centre de Sociologie Européenne (1959-1969). París: Classiques Garnier
Los veinte años transcurridos desde el fallecimiento de Bourdieu han sido la ocasión para una multiplicación de publicaciones sobre su obra que vienen a restituir con mayor fidelidad la génesis de su original modo de practicar la sociología.
Ya no son solamente sus cursos en el Collège de France, disponibles gracias al extraordinario trabajo llevado adelante por un equipo integrado básicamente por Patrick Champagne, Julien Duval, Franck Poupeau y Marie-Christine Rivière, sino que asistimos ahora a una proliferación de textos nutridos por documentos inéditos, como cartas, minutas de reuniones, notas y documentos burocráticos, transcripciones de entrevistas, borradores, fotografías, etc. que integran el pletórico Fondo Bourdieu.
Es el caso de este libro, que pone a provecho un cúmulo de informaciones originales para arrojar una luz nueva sobre el proceso que dio lugar a una sociología concebida como el particular ars inveniendi al que invitaba El oficio de sociólogo, una obra de la cual es indispensable salirse para ir a buscar la metodología de Bourdieu allí donde fue pergeñada: en sus investigaciones empíricas.
La “Introducción” está a cargo de Heilbron, quien se centra en los desafíos de la objetivación, recurriendo a Devereux para rescatar la noción psicoanalítica de contra-transferencia (p. 34). Se trata de superar un obstáculo mayor al conocimiento, como es la familiaridad con el objeto, en la medida en que se la desconoce como tal. Bourdieu recusaba la máxima positivista según la cual el investigador nada debía poner de suyo en su trabajo, para insistir, en cambio, en la necesidad de controlar sus proyecciones en el objeto.
Luego, la obra se despliega en una serie de capítulos que vienen a cubrir la frenética década inicial de las investigaciones de Bourdieu, dando cuenta de la diversidad de direcciones que adoptaron. Así, en el capítulo inicial, “Las revelaciones del campo”, Amín Pérez muestra cómo las investigaciones en Cabilia y en Béarn, desarrolladas casi en paralelo, con la colaboración de A. Sayad, bien pueden ser entendidas como partes de un mismo proyecto (lo que, dicho sea de paso, relativiza la interpretación canónica de un pasaje de Bourdieu de la etnología a la sociología), puesto que, en ambos casos, lo que está en juego es la reflexividad (por la que abogará Bourdieu posteriormente). “El desafío es […] interrogar sus respectivos mundos de origen bearnés y cabilio para poner en cuestión las evidencias, el `va de suyo, en los cuales han crecido” (p. 56). Ya en esta época Bourdieu recurría a la estrategia de encarar las entrevistas conformando binomios de investigadores de diferentes orígenes sociales para contrarrestar los sesgos introducidos en la situación de encuesta: “porque la relación de encuesta es una relación social y las respuestas varían según las propiedades de los encuestadores” (p. 414).
Luego, Heilbron e Issenhuth describen como “Una investigación anamnésica” la realizada en su Béarn natal. La anamnesis, en tanto retorno a los propios orígenes, es “la dimensión principal del socioanálisis” (p. 74), condición indispensable para lograr controlar la relación del investigador con su objeto. Así, Bourdieu le comentaba a Sayad: “recurro a estos campesinos bearneses como un instrumento para controlar a los cabilios, pero es necesario controlar mi instrumento” (p. 75). Investigación realizada con la colaboración tan amplia como productiva de sus padres —Noémie y Albert—, para quienes pudo también haber funcionado como una reconciliación con su propio pasado.
“En el Centro de Sociología Europea” es un capítulo contextual de Heilbron en el cual sitúa el surgimiento y desarrollo en la École Pratique des Hautes Études del CSE creado por Raymond Aron y efectivamente dirigido por Bourdieu, en una época de fuerte expansión de la investigación científica que venía a ampliar el “espacio de los posibles”. No hay investigación sin las indispensables “efectividades conducentes”; en este caso, en su mayor parte a cargo de las Fundaciones Rockefeller y Ford, que paradójicamente tuvieron como consecuencia imprevista el lanzamiento de la carrera de Bourdieu (p. 141). Se trata también aquí de sus condiciones excepcionales como organizador de la investigación, diseñando los equipos de modo que “cada investigador participe de investigaciones diferentes favoreciendo la circulación rápida de la información científica y de los esquemas de pensamiento” (p. 152). La personalidad carismática de Bourdieu, unida a su “dedicación total, algo demente, a la investigación” (p. 158), dan lugar a un estilo de investigación original, opuesto al de Paul Lazarsfeld, en aquel entonces amo y señor de la metodología sociológica de los survey, así como de los fondos para su realización. Por contraste, para Bourdieu la autonomía de la investigación científica no es negociable, por lo cual, en el CSE, el recurso a contratos privados podrá ser una posibilidad, pero sin devenir jamás una necesidad indispensable para su supervivencia (p. 161). El capítulo se cierra con mayo de 1968 y el distanciamiento con Aron. Más allá de alguna exasperación causada por la ingenuidad social de los “estudiantes revolucionarios” (p. 167), Bourdieu participa en la gran manifestación del 13 de mayo, y los investigadores próximos a él se embarcan en la elaboración de dossiers de pocas páginas basados en resultados de las investigaciones realizadas en el CSE para formular proposiciones racionales con vistas a la reforma de la universidad.
A continuación, “Los inicios de una sociología del gusto”, un capítulo a cargo de P. Hussenhuth, se centra en Un art moyen (1965), libro que no es el resultado de una encuesta, sino de todo un sistema de encuestas realizadas en el período 1962-1964. Inicialmente, los terrenos de encuestas etnográficas sobre los usos y la función social de la fotografía serían el Béarn, la usina de Renault en Billancourt y un photo-club de Lille, a los que se sumarían luego varios más (p. 216). Esta investigación fue la primera del CSE realizada por un contrato privado, suscripto con la Kodak, y la ocasión de un diálogo con sus economistas, cuyos modelos para orientar sus estrategias de marketing sólo consideraban el ingreso como variable independiente (pp. 221 y ss.). Por lo demás, el título del capítulo marca bien cómo se trata del origen de la reflexión que culminaría en La distinction, en 1979.
“¿Sociología de la banca o de la clase dominante?”, de François Denord, versa sobre otra investigación por contrato privado a cargo de L. Boltanski y de J.-C. Chamboredon, entre junio y diciembre de 1963, la primera incursión del CSE en el terreno de la sociología económica. Es una investigación maldita, que no dio lugar en modo directo a ninguna publicación, aunque algunos de sus materiales fueron reciclados en otros textos. El fracaso obedeció a las expectativas divergentes del banco contratante respecto de las de Bourdieu y su equipo, pero también de un cambio de perspectiva teórica: iniciada la encuesta en un modo interaccionista y etnográfico, fue dando lugar a la necesidad de un análisis que partiera de la posición de la institución bancaria dentro del campo del poder (p. 236).
En “La pieza central de toda sociología de la cultura”, Issenhuth trata acerca de las encuestas sobre educación. En 1964 Les héritiers, el primer best-seller de Bourdieu, revelaba la importancia del capital cultural (aún no nombrado como tal) en la reproducción de las desigualdades sociales y el rol de la Escuela en la conservación del orden social. Pero ese ensayo era el resultado de un proyecto de sociología de la educación, elaborado en 1961 junto a Passeron y a Marcel Maget (un etnógrafo, por cuya Guide d’étude directe des comportements culturels Bourdieu profesaba una gran admiración), que dio lugar a un conjunto de investigaciones dispares, aunque todas respondían, indisociablemente, a “preocupaciones pedagógicas, políticas y científicas” (p. 259). Como lo expresara Bourdieu: “Todas estas investigaciones derivan de una preocupación pedagógica, y son realizadas en un espíritu a la vez teórico y práctico: sus resultados son inmediatamente implementados en experiencias pedagógicas concretas” (p. 322).
Si en un principio el proyecto pudo versar sobre 150 estudiantes de sociología en Lille (p. 334), se fue ampliando con el correr de los años para dar lugar a un programa que se extendió al conjunto del sistema educativo francés.
En el siguiente capítulo, “Mezcla de la sociología y de las matemáticas”, Duval acomete la investigación sobre el público de los museos de arte (en el origen de L’amour de l’art), realizada en 1964-1965 por encargo del Ministerio de los Asuntos Culturales, entonces a cargo del escritor André Malraux. Aun compartiendo el ideal del ministro acerca de la democratización cultural, Bourdieu pensaba que el arte es una cuestión de educación y no de “amor” (como lo pretendía, en cambio, Malraux, en una nueva expresión de la ideología del “don natural”). Para Bourdieu fue la oportunidad de demostrar que, sobre los 10.000 cuestionarios de una muestra casi probabilística a cargo de A. Darbel, podía aportar tanto como Paul Lazarsfeld, y aún más. Es que, en efecto, para “avanzar en la respectabilidad científica, hay que hacer [investigación] cuantitativa”, afirmaba Bourdieu en esa época (p. 354). Esta fue, además, su primera tentativa para proyectar una mirada de etnólogo sobre las “clases cultas”.
Finalmente, el capítulo “Edición, editores”, de Duval junto a Sophie Noël, examina las estrategias de publicación de Bourdieu y del CSE hasta 1975. Bourdieu era totalmente consciente de la necesidad de encarar la publicación con idéntico rigor que las operaciones anteriores de la investigación. El relato de las elecciones editoriales de Bourdieu da pie, además, a una excelente descripción del campo francés de las publicaciones en ciencias sociales previo a Actes de la recherche en sciences sociales (la revista que dirigiría Bourdieu a partir de 1976). Se relata, asimismo, cómo el compromiso con la lucha argelina de las Éditions de Minuit, unido a su posición vanguardista en el campo literario, llevarían a Bourdieu en 1964 a elegir esta casa para albergar la colección Le sens commun (dedicada a las ciencias sociales y no sólo a la sociología), cuya dirección asumiría con toda la dedicación requerida, haciendo gala de su criterio para conformar un catálogo de la mayor calidad.
En la “Conclusión”, Duval y Heilbron reflexionan sobre la vigencia del legado de Bourdieu, artífice de una de las mayores teorías sociológicas del siglo XX, gracias a que nunca trabajó como un pensador solitario, sino que concibió siempre la ciencia social como una empresa colectiva y empírica (p. 406):
“Lo colectivo se afirma al plantear la investigación como la propiedad central de la práctica científica, lo que marca una ruptura no sólo con las abstracciones de la filosofía, sino también con las prácticas profesorales y el militantismo partidario, contradictorios con las exigencias del rigor científico” (p. 409).
En suma, esta obra, excelentemente documentada, da cuenta de manera exhaustiva de la primera década de las investigaciones de Bourdieu, y la hace ver como una cantera de generación de métodos y conceptos que alimentaron toda su práctica científica ulterior. Se trata de una apasionante lección de metodología en el mejor sentido de la palabra, que pone en el centro la necesidad de la reflexividad, así como la necesaria complementariedad entre etnografía y estadística a la base de su politeísmo metodológico. Es una ocasión de observar en forma directa cómo los principios abstractos fueron desarrollándose prácticamente para conformar un habitus de científico social.
Publicación: 01 diciembre 2024